Abrimos nueva página, cifra redonda, número bonito. Qué buena oportunidad para conseguir todo aquello que nos propongamos. En estas líneas trataré de expresar lo que ha supuesto para mí este último año, los 365 días más intensos y de mayor cambio que he experimentado en mi vida. Y también, dejaré claras algunas de las intenciones que tengo para este nuevo año 2020.

Año electoralísimo

Sin duda. Hemos pasado 3 veces por las urnas y si para la gran parte de los ciudadanos supone aguantar «la turra» en los medios de comunicación y llegar el domingo al colegio electoral y votar, para quienes lo vivimos más de cerca, tanto en lo profesional, como en lo personal… puede llegar a ser un tanto agotador.

Sin ambajes, los resultados cosechados no han sido los deseados. Pero creo que hay más influencia del tipo desenlace trágico, de cierre de etapas, que de futuro incierto o decisiones erróneas.

Las consecuencias en política no son del estilo acción – reacción. La ciudadanía no se precipita, es moderada y reflexiva. Y muchas veces reciben las consecuencias de etapas pasadas quienes ninguna culpa tienen de ellas. Sin embargo, solo queda asumirlo y trabajar con las herramientas de las que uno dispone.

Año de dar pasos adelante

Llegado el momento, creí conveniente asumir responsabilidades y dar la cara por mi equipo. Y así lo refrendaron ellos depositando su confianza en mí, para ser el portavoz del grupo en el Ayuntamiento de Moncada.

Joven sin experiencia previa en política tomando un rol que nunca pensó que tendría que asumir. Se intenta hacer lo mejor posible, pero al final, no depende de uno solo sino de un conjunto y tengo mucha suerte en este aspecto. No me falta el apoyo.

Siempre lo digo, porque a pesar de lo que algunos puedan pensar, nunca quise nada. Nunca pedí, nunca busqué lograr nada. Solo ser instrumento útil para el interés general. Estar a disposición de mi gente, de mi equipo, de mi partido. Y allí donde ellos quieren que esté, estaré.

Año de grandes momentos y personas alucinantes

Aquí viene siempre lo más difícil. Nombrar personas supone que algún nombre se quedará en el tintero. No pasa nada, de antemano te digo que estás invitado a una cerve y lo arreglamos.

La familia que se elige. Esa que nunca falla, Alex, Raq, Joey… Xavi, Teresa, Tico, Elena, Agus… Franela, Lourdes, María, Lourdes otra vez… Gon, María, personas que pueden contar con mi espada, mi arco y todo aquello que de mí puedan necesitar.

Son mis Imprescindibles, no puedo llamarlos de otro modo. De todos ellos, los hay que no los veo todo lo que me gustaría. Los hay que pasan semanas y cuando nos volvemos a ver parece que no haya transcurrido ni un solo segundo desde la última vez. También está quien me llama a las 7:30h solamente para hablar conmigo porque va en el metro y no tiene nada mejor que hacer.

Está quien te deja con la boca abierta al escucharla hablar de ti. Está quien sabes que nunca va a fallar, por nada del mundo, quien sabe hacerte reir en cualquier momento. Quien te da el consejo preciso y sabe ayudarte a caminar por la senda correcta.

No os podéis imaginar qué feliz me hace poder escribir esto. Todos tremendamente distintos, polos opuestos pero que forman parte de mí y yo de ellos.

Gente con la que compartir tu vida. Buenos y malos momentos, felicidad, tristeza, dudas y un sinfín de risas y llantos. Además, al vivir todo esto desde la Fe en Dios, siempre hay un motivo enorme por el que luchar. Luchar por aquello en lo que uno cree. La luz siempre, siempre, siempre… se impone a la oscuridad. Y yo, para hacer un poquito de luz, necesito a toda esta gente cerca de mí. Juntos podemos hacerlo.

Viajar, peregrinar a Santiago, echar horas porque sí bien rodeado con tu gente… son cosas que quiero poder seguir haciendo. Y para ello, hay una cosa fundamental. Trabajo.

2019 ha supuesto el fin de mi vida como estudiante, o eso creía yo

La verdad es que después de toda una vida quemando etapas formativas, terminar la Universidad siempre da un poco de vértigo y a pesar de llegar con muchas ganas a esa meta, no he podido evitar volver a empezar. Un máster, investigación en el futuro, lo que sea. Esta cabeza nunca descansa y hay tanto que me gustaría aprender, que puede que sea un estudiante eternamente. De los malos, sí. Pero estudiante.

Además, cuento con la gran suerte de trabajar en lo que siempre quise. No he tenido que pasar meses esperando que el teléfono suene para acceder a un puesto de trabajo. Puede que ese momento llegue y será un reto. Por el momento, me siento parte de un proyecto, el de Estudio LaBase y mientras así sea, seguiré dando el 100% por ellos.

¿Y 2020?

Me mola la frase de Shakespeare «De nuevo en la brecha, amigos míos». Desde el día 1 de enero será un año intenso. Días que sabes cuándo empiezan, pero no cuando acaban. Y eso me gusta, lo reconozco. Será un año de retos y más pasos adelante en todos los aspectos.

Habrá aciertos, errores y buenos y malos momentos… ¿Pero sabéis qué? Una vida es muy poco para darla y contando con mi gente, no hay nada de lo que preocuparse.

A los que me sufrís en el trabajo, pido disculpas por adelantado. Por llegar tarde, mis olvidos y mis días malos.

A los que me sufrís fuera de una oficina, pido disculpas por mis caras largas y mis momentos de seriedad excesiva.

A los que me sufrís en general, porque no soy como os gustaría, lo siento. Seguiréis sufriendo otro año más.

¿Qué propósitos tengo para el año nuevo?

Seguir siendo un instrumento útil para hacer del lugar en el que esté, un sitio un poquito mejor. Sea al nivel que sea. Mi familia, mi casa, mis amigos, mi ciudad… Si justo dentro de un año puedo decir que lo he hecho, estaré más que satisfecho.

Perder un poco más la vergüenza, no pensar tanto según qué decisiones. Atreverme más y dudar menos. Reirme del miedo y sacar más lágrimas.

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